UN MOMENTO CON DIOS
La santidad de Dios
Números 31
Para comprender por qué Dios ordena esta batalla, debemos recordar el capítulo 25 de Números. Los madianitas no atacaron a Israel con espadas, sino con algo más letal: la seducción. Siguiendo el consejo del profeta Balaam, enviaron a sus mujeres para llevar a los hombres de Israel a la idolatría y la inmoralidad.
El enemigo de nuestra alma
rara vez viene con un rugido; a menudo viene con un susurro de compromiso
moral. La mayor amenaza para el pueblo de Dios no fue el ejército de Madián,
sino la influencia que los apartó de su devoción exclusiva a Jehová.
Dios llama a esto la
"venganza de los hijos de Israel" y la "venganza de
Jehová". No se trata de un arrebato de ira humana, sino de un acto judicial.
Dios es el Juez de toda la tierra y decidió que la maldad de Madián había
llegado a su límite.
Dios toma el pecado de Su
pueblo muy en serio. Si algo está causando que tropecemos y nos alejemos de nuestro
propósito eterno, Dios desea "hacer guerra" contra esa influencia en nuestra
vida. A veces, la misericordia de Dios se manifiesta eliminando aquello que nos
destruye.
Cuando los soldados
regresaron, Moisés se indignó porque habían dejado con vida a las mujeres que
habían sido el instrumento de la caída de Israel en Baal-peor. Moisés entendía
que dejar una raíz de tentación es garantizar una futura caída.
¿Qué "madianitas"
estamos dejando vivir en nuestra vida? A veces vencemos los grandes pecados,
pero permitimos que pequeñas actitudes, hábitos o amistades que nos alejan de
Dios permanezcan "en el campamento". La santidad requiere una
determinación radical: no podemos cohabitar con aquello que busca matarnos
espiritualmente.
El capítulo termina con
instrucciones sobre la purificación del botín, lo que resiste al fuego (oro,
plata, bronce) debía pasar por el fuego; lo que no, por el agua. Todo debía ser
santificado antes de ser usado. Además, los soldados entregaron una ofrenda
voluntaria al Tabernáculo tras notar que ni uno solo de ellos había muerto en batalla.
Números 31 nos enseña que la
vida cristiana es una milicia espiritual. La victoria de Israel no fue por su
número, sino por su obediencia.
Hoy es el día para pedirle al
Espíritu Santo que purifique nuestro corazón y nos ayude a eliminar cualquier influencia
que compita con el trono de Dios en nuestra vida. La verdadera libertad no es
hacer lo que queremos, sino vivir libres de aquello que nos encadena al pecado.
Dios les bendiga
abundantemente.

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