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martes, 24 de febrero de 2026

Un momento... La santidad de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

La santidad de Dios

 

Números 31

 

Para comprender por qué Dios ordena esta batalla, debemos recordar el capítulo 25 de Números. Los madianitas no atacaron a Israel con espadas, sino con algo más letal: la seducción. Siguiendo el consejo del profeta Balaam, enviaron a sus mujeres para llevar a los hombres de Israel a la idolatría y la inmoralidad.

El enemigo de nuestra alma rara vez viene con un rugido; a menudo viene con un susurro de compromiso moral. La mayor amenaza para el pueblo de Dios no fue el ejército de Madián, sino la influencia que los apartó de su devoción exclusiva a Jehová.

Dios llama a esto la "venganza de los hijos de Israel" y la "venganza de Jehová". No se trata de un arrebato de ira humana, sino de un acto judicial. Dios es el Juez de toda la tierra y decidió que la maldad de Madián había llegado a su límite.

Dios toma el pecado de Su pueblo muy en serio. Si algo está causando que tropecemos y nos alejemos de nuestro propósito eterno, Dios desea "hacer guerra" contra esa influencia en nuestra vida. A veces, la misericordia de Dios se manifiesta eliminando aquello que nos destruye.

Cuando los soldados regresaron, Moisés se indignó porque habían dejado con vida a las mujeres que habían sido el instrumento de la caída de Israel en Baal-peor. Moisés entendía que dejar una raíz de tentación es garantizar una futura caída.

¿Qué "madianitas" estamos dejando vivir en nuestra vida? A veces vencemos los grandes pecados, pero permitimos que pequeñas actitudes, hábitos o amistades que nos alejan de Dios permanezcan "en el campamento". La santidad requiere una determinación radical: no podemos cohabitar con aquello que busca matarnos espiritualmente.

El capítulo termina con instrucciones sobre la purificación del botín, lo que resiste al fuego (oro, plata, bronce) debía pasar por el fuego; lo que no, por el agua. Todo debía ser santificado antes de ser usado. Además, los soldados entregaron una ofrenda voluntaria al Tabernáculo tras notar que ni uno solo de ellos había muerto en batalla.

Números 31 nos enseña que la vida cristiana es una milicia espiritual. La victoria de Israel no fue por su número, sino por su obediencia.

Hoy es el día para pedirle al Espíritu Santo que purifique nuestro corazón y nos ayude a eliminar cualquier influencia que compita con el trono de Dios en nuestra vida. La verdadera libertad no es hacer lo que queremos, sino vivir libres de aquello que nos encadena al pecado.

Dios les bendiga abundantemente.

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