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sábado, 10 de marzo de 2018

Un momento... LA BENDICIÓN DEL CONOCIMIENTO



UN MOMENTO PARA PENSAR EN DIOS
LA BENDICIÓN DEL CONOCIMIENTO

Es innegable que todos sabemos que tener conocimiento y sabiduría conlleva bendición. Sin embargo, hay una palabra que es exactamente la contraria a bendición: Maldición. Y si existe la bendición del conocimiento, también está allí mismo la maldición de la ignorancia.


¿Eso significa que un ignorante está maldito? No. Es que la ignorancia o la falta de conocimiento, suele ser una puerta abierta a las maldiciones, vengan de donde vengan.
“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante de la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. Deuteronomio 30. 19.
DIOS ha puesto delante de nosotros dos opciones. Él ha venido y ha puesto delante de nosotros la vida y la muerte, es decir: ser y vivir en bendición o maldición. El hecho de que nosotros le prestemos atención a esto o no, no las deroga ni las anula. Lo sepamos o no, lo creamos o no, vida, muerte, bendición y maldición, están allí; alguna va a florecer.
Sabemos cómo reacciona el mundo secular ante estas cosas; sabemos que hablar de Vida Eterna, de salvación, de perdición, de cielo y de infierno, para la sociedad moderna, equivale a hablar con un idioma cavernícola, digno de gente ignorante y mística.
El problema es cuando esta incredulidad, por falta de conocimiento o peor, de credibilidad de toda la Palabra, alcanza a los creyentes. Muchos pueden ser víctimas de maldiciones sólo porque ignoran que son reales y efectivas, o porque aún sin ignorarlo, decidieron no creer esa parte del evangelio.
Y algo que es mucho más delicado todavía es el hecho de que ignoremos el tremendo poder que DIOS ha puesto en nuestros labios para bendecir o maldecir, no cambia el hecho de que nuestras palabras tengan trascendencia espiritual sobre la vida de otros y aún de su descendencia.
En la Biblia hay muchos ejemplos, uno de ellos está en Génesis 31. 30 cuando Jacob huía con sus mujeres e hijos de Labán.
“Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿Por qué me hurtaste mis dioses? Respondió Jacob y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me quitarías por fuerza a tus hijas. Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo”.
Jacob no sabía que Raquel los había hurtado. Después la historia se va de este asunto y deriva en otros sucesos, pero miremos una cosa, que ignorando que Raquel se había traído esos ídolos, Jacob abre su boca en maldición: “Aquel que te robó tus dioses, no viva”, dice. O sea: que se muera el ladrón. Este pasaje muestra, esencialmente, el poder gigantesco que hay en la lengua.
Proverbios 18.21 dice que la muerte y la vida están en poder de la lengua. El caso es que Raquel escondió los ídolos, no los devolvió a su padre Labán y se los llevó con ella. Obviamente, de esto no le comentó absolutamente nada a Jacob. Lo dicho por Jacob, entonces, Que no viva quien los tenga, quedó en pie.
“Después partieron de Bet-El; y había aún como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto. Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la partera: no temas, que también tendrás este hijo. Y aconteció que al salírsele el alma, (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín. Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén”. Génesis 35. 16.
Aquí vemos el efecto de aquella primaria y casi olvidada maldición. Es muy probable que ni Jacob que la pronunció, ni Labán y la propia Raquel que la oyeron clarita, recordaran el suceso. Jacob no sabía. No; no sabía. Ni se imaginaba. Pero eso no significó obstáculo para que su maldición fuera efectiva y terminara con la muerte de Raquel.
Tengamos cuidado con las palabras que salen de nuestra boca, pidamos sabiduría al Señor para hablar lo justo y correcto e impartir bendición a través de lo que decimos.
Dios les bendiga abundantemente.

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